En la llamada baja Edad Media, existieron ciertas mujeres, quienes por su forma de pensar y de actuar fueron precursoras de un pensamiento, en su época, novedoso y sobre todo subversivo. Llamadas las beguinas o trovadoras de Dios, cada una de ellas aportó a la humanidad, no sólo arte, sino una forma distinta de mirar a Dios.
Las beguinas se caracterizan por una sólida formación cultural y teológica, unida a una experiencia mística personal profunda, acompañada, con frecuencia, de experiencias visionarias y/o extáticas que sorprenden a sus contemporáneos que carecen de elementos para juzgarlas pero que no pueden descalificarlas como fruto de la histeria femenina, ante la solidez teológica de sus escritos
Otro menos numeroso fue el de los begardos (begardismo), el de los hombres. Estos movimientos aparecieron a finales del s. XII debido a la oposición de los cistercienses o de los premonstratenses a los monasterios llamados dobles, donde vivían por separado monjes y monjas. De esta manera en torno al 1170, muchas mujeres, sobre todo vírgenes y viudas nobles o burguesas, comenzaron, o solas o en pequeños grupos, a establecerse en torno a las iglesias y hospitales recluidas en casitas dentro de un recinto.
Posteriormente, estos grupos se fueron ampliando hasta llegar a formar grandes comunidades llamadas beguinatos (por el 1220). El lugar de origen de este fenómeno religioso es el ducado de Brabante en Bélgica. Desde aquí el movimiento se difundió rápidamente por Holanda, Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Austria, convirtiéndose en un fenómeno europeo. Según algunos cálculos, en la región brabantina y renana el 6 por ciento de la población femenina estaría constituido por beguinas. En cierto momento, en Colonia, ciudad con menos de 20.000 habitantes, llegó a haber 1,700 beguinas.
De tradición cristiana, cada una de ellas tuvo la gracia divina en su interior, por eso con el paso del tiempo las llamaron místicas, pues recibieron el llamado, desde su fe, su deseo y su contemplación. Beatriz de Nazaret (1200-1268), fue quien describió Las Siete Maneras de Amor; un texto dictado por la divinidad.
Beatriz de Nazaret no es conocida tanto por sus visiones, pero sí por las sensaciones táctiles que tuvo para sentir la presencia de Dios en todo su cuerpo. “El Señor le atraviesa el alma con el fuego de su amor, como la punta de una espada flamígera”.1)
Matilde de Magdeburgo (nació entre 1207 y 1210), a la edad de 12 años deja a su familia para responder al llamado de Dios. También como las demás beguinas creían en el misterio trinitario: “Dios Padre es el escanciador de esta vida embriagadora, el Hijo es la copa, el Espíritu es el vino”. 2) Matilde escribió La luz resplandeciente de la divinidad. Poemas básicamente en donde reluce el amor cortés, muy propio de su época y de las beguinas.
Por otro lado, Hildegarda von Bingen (1098-1179), quien perteneció todavía a la alta Edad Media, fue una gran abadesa, y un gran personaje público. Se resistirá mucho tiempo al “llamado”, pero en su edad madura y con la enfermedad encima, comienza a escribir y a dictar sus visiones. Esta aristócrata, fue una mujer sumamente culta, quien además aportó en su música todo ese lenguaje litúrgico impresionante.
La producción de Hildegarda alcanza 159 composiciones. Su obra principal es «Symphonia armonie celestium revelationum», obra que comprende 77 poemas o cantos espirituales, destinados a su comunidad de Rupertsberg: 44 antífonas, 17 responsorios en prosa; ocho himnos, 1 Kyrie (excepción a la regla dado que la mayor parte de los textos de Hildegarda están tomados de su obra literaria) y siete secuencias para la misa.
Asimismo, la traducción de obras del místico alemán Johannes Eckhart y la divulgación de su propia obra le costó la hoguera en 1310 a Margarita Porete, autora de El Espejo de las Almas Simples que dice:
Teólogos y otros clérigos / no tendréis el entendimiento / por claro que sea vuestro ingenio / a no ser que procedáis humildemente / y que amor y fe juntas / os hagan superar la razón, /pues son ellas las damas de la casa.
La beguina mística más famosa es sin duda Hadewych de Amberes (hacia 1240), autora de varias obras en poesía y en prosa 3). En Amar el Amor escribió:
Al noble amor / me he dado por completo / pierda o gane / todo es suyo en cualquier caso. / ¿Qué me ha sucedido / que ya no estoy en mí? / Sorbió la sustancia de mi mente. / Mas su naturaleza me asegura / que las penas del amor son un tesoro.
1.- L. Reypens (ed a cargo de), Vita Beatricius, De autographie van de Z. Beatrijs van Tienen, o cist., 1200-1268, Amberes, 1964.
2.- Hans Urs von Baltasar, La misión eclesial de Matilde, 1955
3.- Epiney-Burgard, Georgette & Zum Brunn, Emile (1998). Mujeres trovadoras de Dios. Una tradición silenciada de la Europa medieval, Barcelona: Paidós
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