Susana Moraga Agencia Reforma
El vocero del Arzobispado, Hugo Valdemar Romero, señaló que las goteras obedecieron a un descuido del personal de la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural, de la Conaculta, que además puso en riesgo los cuadros de los pintores Cristóbal de Villalpando y Juan Correa, éstos datan del siglo 17 y que cuelgan de las paredes de esta sala.
“Ya se venía advirtiendo desde hace tiempo de las humedades, de los riesgos que había en la sacristía; hay cuadros valiosísimos en su interior y sin embargo, el problema es la burocracia terrible que hay en esas instituciones que para que aprueben un presupuesto son mil funcionarios por los que tiene que pasar la aprobación y cuando llegan pues a veces ya es tarde.
“La filtración de agua es una llamada de atención a la Conaculta para que tome las medidas precautorias y no permita que se pueda perder nuestro patrimonio que no es de la Iglesia, recordemos son de la Nación”, señaló.
Además de la vestimenta, el marco de un espejo del siglo 18 con cubierta en láminas de oro quedó completamente blanco a raíz de la humedad. El viernes por la mañana, religiosas de la Catedral entraron a la sala, la cual se localiza al costado derecho del templo, y se percataron que el agua encharcaba las alfombras y que había además penetrado a dos cajoneras que datan del siglo 18, donde se guarda parte del arte ornamental religioso.
Los textiles, algunos en seda y otros en lino, son estolas, capas pluviales y dos casullas bordadas en hilo de oro y plata, que pertenecen a la vestimenta que portaban los Arzobispos y Obispos de la época.
Entre los ornamentos afectados destaca una casulla del siglo 17, de fabricación japonesa, tejida con hilos de oro en color dorado y rojo.
Esas cajoneras de madera guardan entre otros ornamentos, la casulla que el Papa Juan Pablo II utilizó en la primer misa que ofició en México, en la Catedral Metropolitana, el 26 de enero de 1979, acompañado por el entonces Arzobispo Primado Ernesto Corripio Ahumada.
Luego de detectar la filtración, las religiosas sacaron los ornamentos de las cajoneras y las pusieron a secar en el pasillo de la sacristía.
Pese al tratamiento que la Conaculta ha dado al templo, el Arzobispado reportó que el agua logró penetrar desde la nave de la sala debido a que la piedra denominada tezontle, la cual es de origen volcánico y con la que se construyó la Catedral, es porosa.
Actualmente el personal del Consejo mantiene labores de saneamiento y recomposición de la sala. Donde pedazos de plástico han sido colocados desde el techo y hasta el piso para cubrir las cajoneras.
/amc
|